sábado, 19 de noviembre de 2016

No te apures, no desesperes...

Cuando era niña, pequeña e ingenua, todo se veía tan grande, tan lejano e inalcanzable. Todos me hablaban de qué quería ser cuando sea grande, de qué quería estudiar, cómo sería mi vestido de 15 años, si tendría novio, si tendría hijos, que no! que primero debe estudiar y tener un título! "Cuando tengas un título bajo tus brazos, los hombres van a formar fila" decía entre risas mi padre.

Y yo... yo solo quería jugar con mis muñecas, diseñarles ropa, maquillarlas, peinarlas, jugar con los autitos de mi hermano, dibujar aunque no fuera mi talento, escribir poemas tiernos para mi abuela, correr, dormir, comer dulces, ver dibujos animados, y no preocuparme más que por las notas del colegio, que como decía mi madre, eran mi única responsabilidad.

Los años pasaron, muchas cosas ya no recuerdo, pero sí me acuerdo de las veces que deseaba crecer, ser una mujer adulta, tener mi propio lugar, un trabajo, salir con amigos a tomar, a bailar, y teniendo apenas 15 años parecía que el tiempo no pasaba... sentía que estaba en un escalón cuyo próximo peldaño era alto, gigante, inalcanzable, no podía ver que había arriba. Literalmente imaginaba la vida como escaleras, cuyos peldaños significaban una etapa.

Soñaba con conocer el amor de pareja, creo que era lo que más deseaba durante mi adolescencia. Mi acercamiento al sexo opuesto no era mucho en realidad, y creo que por eso soñaba tanto con eso... era un misterio que quería descubrir. La curiosidad es lo mío.

A medida que inevitablemente esa escalera mecánica iba avanzando, yo me emocionaba, me impacientaba, y tenía ansiedad por experimentar esa vida de la que tanto opinaban cuando era niña. Aún así estaba asustada, no por crecer, sino por lo que había fuera de mi mundillo.

Me tocó experimentar un alejamiento temporal de mi familia, a los 16 años, que me resultó extremadamente difícil a decir verdad, cuando yo creía que sería maravilloso. Me di cuenta que era aún una inmadura y una niñita, que no quería dejar el nido. Pero fue una experiencia que me mostró muchas cosas, y me hizo ver un poco más de mí misma.

Después de eso todo fue como ponerse unos lentes nuevos, con lo que la realidad cambiaba. La reconexión no fue fácil, ya que fue una probadita de la independencia, pero logré volver a agarrarme de mis raíces y seguir subiendo la escalera.

Cada vez sentía más ansiedad por ser adulta. No sabía nada. Ilusa... Y así llegué a los veintitantos. Y es ahí donde me sentí en la meseta de mi vida, o eso creía yo en ese entonces.
Sentía que tenía todo resuelto. Universidad, trabajo, novio estable (o eso creía), un brillante (común) futuro aproximándose para el resto de mi vida. Sí, para el resto de mi vida, eso pensaba, que sería así. Todo eso. Todo lo que estaba viviendo, donde estaba parada, podía casi tocar ese futuro si estiraba un poquito más los dedos.

Construí mi castillito de naipes, y cuando estaba a punto de coronar... oh no! revelaciones tras revelaciones! que en ese momento marcaron un antes y un después de ese resto de mi vida que yo pensaba que tenía resuelto.

Sentí que era el fin de mi vida, el ocaso de mi existencia... estaba esperando mi muerte (totalmente melodramática y exagerada) y no pasaba nada... seguía cumpliendo años, y las cosas cambiaron totalmente de color... y fue ahí cuando realmente me tocó crecer y de un golpe se me cayeron los lentes con los que estaba mirando todo, y conocí la adultez taaaan esperada... fuck!

El príncipe azul se destiñe... la universidad es solo un suspiro de todo lo que tienes que aprender... no trabajarás el resto de tu vida en un solo lugar... el corazón no se rompe literalmente (aunque la ciencia hoy día dice que sí)... uno no muere de amor... uno no se queda con el primero (hay excepciones, pero vamos! seamos realistas)... el dinero no rinde, y no cae del cielo... ser independiente cue$$$ta... El mundo no es cuadrado y con forma de caja... y eso solo era el comienzo...

De repente la escalera mecánica empezó a subir un poquitito más rápido... mucho para mi gusto... y me encontré con los ¡Felices 30! ehmmm si, sé que estas pensando que llegó la vejez, que los 20 eran la onda, que ya debería tener resuelta mi vida, y tu familia? y tus hijos? tu mari... ehmmm como sea, las emociones, las sensaciones, las ideas, los sueños, los objetivos, la gente en mi vida empezaron a cambiar... algunos quedaron, otros se fueron, la experiencia crecía en todos los aspectos, y de repente.... OMG!!! me di cuenta de algo. Todo lo que a los 20 pensaba que tenía resuelto, era un ESPEJISMO. Y me encontré tan feliz y satisfecha de no haber tomado decisiones PARA TODA LA VIDA por lo feliz que me sentía en esa época con algo o alguien.

También me di cuenta que todas las lágrimas que derramé y las frustraciones que sentí por cosas que no pude lograr en mi adolescencia, mis diecialgo y mis veintitantos fueron tonterías puras, ya que me di cuenta que recién ahora estoy conociendo la vida, recién ahora estoy logrando sueños, recién tengo la madurez para tomar decisiones (a veces no tan buenas) que quedan en mi vida, y que incluso aún hay cosas que no necesito definirlas hoy día para el resto de mi vida.

Me di cuenta que tuve mucha suerte de esperar en muchas cosas, que hoy día puedo saborear muchas victorias que antes parecían inalcanzables. Y todo por no actuar a pesar de estar apurada por crecer.
Bueno, soy humana, no puedo decir que no lamente ciertas cosas del pasado, o que no me haya equivocado. Lo hice, mil veces, lo sigo haciendo, y creo que de aquí a 10 o 20 años más, de seguro revisaré mi camino y encontraré cosas que recién en ese momento estarán alcanzando su plenitud, y el conteo de errores seguro subirá...

Aprendí que mi vida depende de cada uno de mis actos, de mis decisiones, tanto pasadas como presentes, y que afectarán también mi futuro. Así también la gente que me rodea podría salir afectada.
Aprendí que crecer, ser adulto, es una trampa, no es el sueño dorado que nos imaginamos de pequeños o de adolescentes. Hay muchas decepciones para lo que uno nunca está preparado, mucha responsabilidad, la independencia puede ser bastante solitaria, el dinero se vuelve imprescindible a medida que nos acomodamos en este mundo materialista.

Aprendí que también hay cosas maravillosas de ser "grande", como la satisfacción de cumplir metas, de viajar solo, de ganarse el pan (integral) con el esfuerzo propio, de competir con tu Yo antiguo. Conocer gente nueva, sentir y ver todo de un modo diferente.

Lo doloroso, es separarte de tus padres, pero a la vez es un mal necesario. También duele los corazones rotos, nuestros y ajenos, que vamos coleccionando. La gente que empieza a partir cuando creías que eran inmortales. El tener que enfrentar sola muchas cosas que antes lo hacías con tu familia: enfermedades, tristezas, fracasos, triunfos, cumpleaños, navidades...

Pero, lo más importante que yo puedo rescatar hasta ahora de lo que me ha tocado vivir, es que no cerremos nuestra mente, que nos atrevamos a ser diferentes de lo que fuimos antes, competir contigo mismo, con el que fuiste, y construirte para mejor. Nunca se es lo suficientemente viejo para probar algo nuevo.

No te apures en vivir, por favor, no lo hagas. Las decisiones que tomes muy temprano pensando que estas en la cúspide de tu vida tendrán eco. No pienses que a los 20 estás listo con tu vida y ya no hay nada por delante. No te deprimas si cumples 30, y puedo decir que tampoco te lamentes si vas subiendo más escalones. Sopla cada velita de cumpleaños con la emoción que merece... ya que nunca, NUNCA, volverás a tener esa edad.

De verdad, no te apures, disfruta cada minuto, si algo no te salió bien, inténtalo de nuevo. Si estás cansado de probar, descansa un poco y luego vuelve a hacerlo. Si crees que no has logrado nada aún, felicidades, quiere decir que sigues vivo y eso es una oportunidad para empezar, aunque sea a pasos de tortugas. Te vas a desanimar a muerte mil y una veces, pero tarde o temprano volverás a motivarte.


No puedo decir que domino el arte de vivir, estamos en la lucha, aún descubriendo cosas de mí que me hacen daño, y otras que me dan satisfacción, y espero tener aún mucho camino por explorar para contarles que hay más arriba de esta escalera que no para de avanzar...

Celia Cristaldo.-

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